Arrancó la rehabilitación de la planta de tratamiento de aguas residuales en Irapuato

Arrancó la rehabilitación de la planta de tratamiento de aguas residuales en Irapuato

Irapuato contará con una planta de tratamiento de aguas residuales que beneficiará a gran parte de la población del sur del municipio fresero.

Esta obra tendrá trabajos de rehabilitación y reconfiguración en la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) ubicada en la salida a Pueblo Nuevo; sustituirá la infraestructura que tuvo una vida útil tras 33 años de operación.

Con una capacidad de tratamiento de 500 litros por segundo y tecnología de lodos activados, permitirá atender de manera eficiente las aguas residuales de la ciudad, sumándose a la capacidad existente de otras plantas para cubrir al 100% el flujo generado en Irapuato.

Beneficiará directamente a cerca de 370 mil habitantes, mejorando la calidad del agua, reduciendo riesgos sanitarios y contribuyendo al saneamiento del Río Lerma. Además, abre la puerta al reúso del agua tratada en procesos industriales, áreas verdes y agricultura, con la meta de aprovecharla al 100 por ciento.

La inversión destinada a esta obra es de más de 463.1 millones de pesos, resultado de un esfuerzo conjunto entre el gobierno estatal que aportará el 40 por ciento (185.2 millones de pesos), y el Municipio, con el 60 por ciento (277.8 millones de pesos).

Guanajuato y el agua

Guanajuato cuenta con infraestructura que permite tratar el 95 por ciento del agua residual generada a nivel estatal.

Esta obra forma parte de una visión más amplia impulsada desde el Gobierno de la Gente y alineada al Plan Nacional Hídrico 2024-2030, donde Guanajuato destaca como el único estado con tres proyectos estratégicos: la tecnificación del Distrito de Riego 011 Alto Río Lerma, la construcción del Acueducto Solís y el saneamiento del Río Lerma.

Con esta nueva planta se da un paso concreto hacia un Guanajuato y un Irapuato más sustentable, donde el agua se cuida, se sanea, se reutiliza y se valora.

Estas acciones buscan garantizar el derecho humano al agua, mejorar su uso eficiente, especialmente en el campo, donde se concentra el 76% del consumo, y asegurar el abasto para las futuras generaciones.

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